En 2025 emprendimos nuestra primera aventura por Nepal y Bután, un viaje que comenzó en Katmandú y que, conforme avanzaban los días, se volvió cada vez más profundo y transformador. Fue una experiencia muy especial porque compartimos el camino con amigos y familiares que dejaron una huella imborrable en el grupo.
Entre monasterios, templos, montañas y conversaciones que parecían llegar en el momento justo, se creó un lazo genuino entre todos nosotros. Ailin regresó a viajar con nosotros una vez más; Eunice enriqueció cada jornada con su conocimiento del budismo; César descubrió una nueva pasión por la fotografía y la meditación; Feru realizó su primer viaje con nosotros y terminó convirtiéndose en una amiga entrañable; y Juan desarrolló una conexión muy profunda con las enseñanzas budistas.
Fue un viaje lleno de sorpresas, momentos de reflexión, experiencias espirituales y encuentros que nos recordaron que algunos viajes no solo nos llevan a nuevos lugares, sino también a partes más profundas de nosotros mismos.